Opinión

CUANDO LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN AMENAZAN LA DEMOCRACIA.

Por: Manuel Ruiz G.

 

En el pasado reciente se tenía la convicción y la creencia de que los medios de comunicación periodísticos eran un instrumento de vital importancia para el sostenimiento de las democracias del mundo. A esos medios de comunicación se les daba toda la credibilidad, la confianza y hasta el respeto, como si se tratara de una institución estatal; Era tal la credibilidad que, si lo decía un medio de comunicación radial, periodístico o televisivo, nadie dudaba de esa información y en consecuencia, se tenían por ciertas las noticias que ellos presentaban.

En Colombia, los medios de comunicación periodísticos, también guardaban cierto tipo de comportamiento ético, moderados con la información, ligeramente imparciales y algunos, hasta objetivos en sus actividades noticiosas. Llegó a tal punto su credibilidad que, en una ocasión en Colombia, se estuvo manejando la idea de que las notas periodísticas de esos medios de comunicación, deberían tomarse como auto cabeza de proceso para iniciar investigaciones penales, en contra de infractores de la ley, fueran servidores públicos o infractores privados.

Esto ocurría, gracias a la objetividad, veracidad y contundencia de esas investigaciones periodísticas que les aportaban a los entes de control las evidencias necesarias para iniciar un juicio de responsabilidades, ya fuera en lo disciplinario, fiscal o penal. Recordemos aquí a manera de ejemplo y ubicándonos en Colombia, la postura férrea, firme y contundente de Guillermo Cano y de Álvaro Gómez H., en su lucha periodística contra la delincuencia organizada en sus épocas, contra la corrupción y el narcotráfico de ese entonces. Prefirieron ofrendar sus vidas en favor de la patria, antes que recibir sobornos o venderse al mejor postor.

Con el pasar de los años, esas posturas férreas, veraces y objetivas, de presentar las noticias con objetividad y veracidad, tal como son, resaltando lo bueno y censurando lo malo de los gobernantes de turno y actores privados que violaban las leyes y la institucionalidad, se fueron diluyendo a tal punto que, incluso hoy en día prácticamente han desaparecido del mundo periodístico y de los medios de comunicación. Pasamos de una época de objetividad, imparcialidad, veracidad y honestidad, a un sistema de información sesgado, torcido, parcializado, lleno de falsedades y a favor de quien más pague, a favor del mejor postor, sin importar ni interesar el daño que se le cause o se le haga al país y a la sociedad en general.

Tenemos claro y muy claro que, hoy por hoy los medios de comunicación antes que ser unas entidades de servicio social, son unas empresas comerciales de particulares, que están detrás del dinero, el poder y por último, el servicio social. Si bien es cierto que, estas casas periodísticas de carácter comercial, tienen que recaudar dineros para sufragar sus gastos, pagar empleados y generar utilidades, también es cierto que esas casas comerciales de naturaleza periodística, van detrás de la ganancia, la opulencia y el poder.

De todos es sabido que los medios de comunicación viven de la pauta publicitaria, tanto privada como estatal; Siendo la estatal, la que más utilidades y beneficios económicos les generan a sus arcas y a sus patrimonios, de tal manera que, hoy las casas que comercializan con la información a través de sus periodistas y medios de comunicación, están al acecho de los funcionarios públicos para obtener jugosos contratos de exagerada cuantía, para que publiciten y adulen al gobernante de turno, que les paga para eso.

Cuando el gobernante les paga por intermedio de contratos publicitarios, ellos cumplen con su función de adorar, adular y endiosar a esos personajes oscuros, que pagan para que hablen bien de ellos y los hagan aparecer como los mejores, aunque no estén haciendo lo mejor de su gestión. Hoy día eso es una moda y está muy de moda en Colombia.

Pero si por alguna circunstancia, sucede lo contrario, esto es que, el gobernante por ser austero y ahorrador en el gasto público o porque cierto grupo de medios de comunicación y periodistas, han sido adversos, hostiles y perseguidores de su nombre, decide no otorgar contratos de publicidad a esos medios de comunicación, entonces las cosas son totalmente diferentes. Lo acosan, lo atacan, lo persiguen, lo mal informan con la ciudadanía y lo ponen contra la opinión pública, aunque sea con falsas notas periodísticas, buscando con ello doblegar al gobernante que tiene la facultad de otorgar contratos publicitarios, hasta constreñirlo y obligarlo a soltar los contratos publicitarios deseados, que irán a satisfacer la parte económica de medios y periodistas informativos.

Las malas prácticas de ese contubernio Gobernante-Periodismo- Medios de comunicación, que se ha establecido en nuestro país, nos ha llevado a soportar una situación tan incómoda, difícil y peligrosa, que en Colombia se vive hoy las consecuencias de esa pugna económica entre periodistas-medios de comunicación y gobernantes, visibilizadas en la situación de orden público que en estos momentos vivimos en Colombia. La campaña publicitaria de descredito y de falacias que hoy se vive en Colombia, por parte de los medios de comunicación y en contra de su Ejército, de su Policía, su gobierno y del estado en general, en el ámbito nacional e internacional, es producto de esa pugna criminal, de carácter económico, que está acabando con la imagen de nuestro país en el contexto internacional.

Una radiografía de esta pugna, se puede evidenciar cuando llega a la presidencia de la república el Dr. Álvaro Uribe Vélez en el año 2002; En ese momento se inicia un proceso de austeridad y recorte del gasto público en materia de contratos de publicidad, lo que no le cayo nada bien a estas casas periodísticas. De inmediato se inicia una confrontación entre medios de comunicación y presidencia de la república, lo que a su vez derivó en un proceso sistemático de ataques, persecución y hostilidades informativas, de parte de la prensa contra el gobierno y su presidente, a quien pretendieron doblegar en ese sentido, para que soltara los jugosos contratos de publicidad a periodistas y medios, objetivo que al fin no lograron y ahí fue Troya.

El enfrentamiento fue total entre periodistas, medios de comunicación y el presidente Uribe. La campaña de desprestigio, persecución, hostilidades y desinformación, contra Uribe Vélez fue total, al punto que todavía hoy, está vigente y tal vez más fuerte que antes.

Sale de la presidencia de la república Álvaro Uribe Vélez, en 2010 y llega en su reemplazo, el señor Juan Manuel Santos, nefasto personaje que, con su alto grado de corrupción y malignidad, nos dejó la semilla germinada de todos los actos de desinformación y violencia que hoy vive el país.

Con la llegada de Juan Manuel Santos, un gobernante que todo lo compró, se institucionaliza la teoría del “Todo vale” en la búsqueda de los objetivos propuestos y se pone en práctica la vieja tesis comunista de “La combinación  y uso de todas las formas de lucha” y en ejercicio de esas estrategias, el nefasto personaje para poder tener “imagen” maquillada y favorable ante una opinión publica engañada, lo primero que hace es cooptar a los medios de comunicación y periodistas, con grandes sumas de dineros, a través de contratos de publicidad; Dineros que él mismo llamó: “Mermelada”, con lo que compró y endulzó desde periodistas y medios de comunicación hacia abajo y hacia arriba.

Hoy es Pertinente y necesario por su relevancia, tratar de forma especial el tema de la manipulación, cooptación y “Enmermelada” de periodistas y medios de comunicación, por parte de gobernantes y actores políticos de izquierdas y comunistas, que en estos momentos tienen anarquizado y violentado el país, bajo la fachada de una “Protesta Social”, que los medios de comunicación publicitan y promueven, cuando en la realidad lo que se vive es un terrorismo urbano, que está destruyendo la economía, la convivencia pacífica, la sociedad y el orden público nacional. La publicidad de desprestigio que los medios de comunicación le tienen montada al gobierno, al estado y al país, es tan letal como los daños físicos causados por el terrorismo urbano que hoy nos azota.

Los medios publicitan de forma exagerada y sesgada, las acciones de la fuerza pública, para desprestigiarlas y atacarlas, para que no actúen contra los vándalos y terroristas, pero no comentan ni informan ni publicitan los efectos del terrorismo sostenido de grupos armados que asesinan policías en esa confrontación. Tampoco informan como violaciones de derechos humanos de parte de los marchantes, vándalos y terroristas sus acciones contra el comercio, la infraestructura pública y ambulancias que transportan enfermos que incluso, han muerto en las carreteras por los bloqueos. Eso no lo informan ni lo cuestionan con la vehemencia que informan y critican lo de la fuerza pública y las autoridades que quieren controlar la situación de orden público causada por el paro armado del comunismo criollo.

Por todas partes se ha dicho, es vox populi y para nadie es un secreto que, en el reinado de Juan Manuel Santos, los medios de comunicación y sus periodistas fueron atiborrados de la llamada “Mermelada Santista”, casi todos eran destinatarios de jugosos contratos de publicidad estatal, con el objetivo concreto de defender la “obra de gobierno” de Santos y paralelo con ello, atacar a Álvaro Uribe por todos sus flancos. Para esa época, casi todos los periodistas de los grandes medios de comunicación estaban en contra de Uribe y nada se decía de los excesos y arbitrariedades del gobierno Santos, gracias a la Famosa “Mermelada Santista.”

Bueno sería en este caso recordar los beneficios económicos de algunos medios de comunicación y periodistas de la era Santos, que disfrutaron hasta la saciedad de esa “mermelada Santista”, entre otros: La revista Semana de aquella época, porque hoy es otra, el periódico El Tiempo, El Espectador, Caracol radio y Caracol Tv, La W Radio… etc. De igual manera, recordar los contratos, posturas políticas y actitudes informativas de los periodistas: Daniel Coronel, Julio Sánchez Cristo, María Jimena Duzan, Ariel Ávila, León Valencia, Félix de Bedout, Daniel Samper Ospina y muchos otros. Si revisamos sus contenidos periodísticos de la época, todos escribían contra el gobierno Uribe y contra Uribe, pero adulaban a Santos. Para eso gozaban de la “mermelada Santista.”

Los efectos de la “mermelada Santista” y la animadversión de los medios de comunicación hacia Uribe, las hereda Iván Duque en 2018 cuando llega a la presidencia, quien de nuevo controla el gasto público en materia de contratos de publicidad, no otorga jugosos contratos y de nuevo, la prensa colombiana y los medios de comunicación se exacerban en contra del presidente Duque y arremeten contra el país, volcándose a promover y promocionar las actuaciones de la izquierda comunista, que le hace oposición férrea al presidente.

Esta práctica de la “mermelada santista” ha llevado a que los periodistas y medios de comunicación se alejen de la imparcialidad que requiere la practica del periodismo informativo y ahora se afilien a grupos y partidos, desde donde ejercen su activismo político a favor de unos, de quienes les pagan y en contra de otros, pagados con el dinero del estado, por intermedio de jugosos contratos de publicidad estatal, que es lo peor. Entonces ahora, con el dinero de los colombianos se maltrata a una parte de los colombianos.

Esa oposición ahora también de los medios y periodistas al presidente Duque, sería entendible, si fuera una oposición seria, justa, objetiva, transparente, honesta, pero lo que se está viendo por parte de estos medios de comunicación y casas comerciales de medios de comunicación, es un ataque frontal por todo lo que hace y deja de hacer el presidente.

Esa situación ha llevado a que periodistas y medios de comunicación, tomen partido a favor de los instigadores y promotores del paro, que ahora llaman “protesta social”, que está vandalizando a Colombia con su terrorismo, le hacen publicidad a su favor y por el otro lado, han desatado toda una campaña periodística y publicitaria a nivel internacional, en contra de Colombia, de su presidente, de sus fuerzas militares y de policía y de las autoridades del país, a tal punto que, han llamado la atención de organismos internacionales, que basados en informaciones falsas, segadas y mal intencionadas, han empezado a reclamar protección a los vándalos y terroristas y a sus derechos humanos.

Teniendo en cuenta lo que hemos visto aquí, solo nos queda decir que, los medios de comunicación que otrora eran pilares de casi todas las democracias del mundo, hoy se han convertido en un peligro para los sistemas democráticos y para las democracias que no sucumben ante ellos a través de jugosos contratos de publicidad estatal.

A partir de esto, también se convierten en un peligro para las sociedades, como ocurre en Colombia, donde los medios periodísticos y de comunicación están a favor del terrorismo urbano y del comunismo instigador. Paralelo con ello, se han colocado en contra de la sociedad, el gobierno y el estado colombiano. Ahora en Colombia se pide protección para los terroristas y sus derechos humanos, pero no se pide que se respeten los derechos humanos de la gente de bien, que no está vandalizando al país, ni anda en paros ni en esas fachadas llamadas, “protestas sociales”.


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