Opinión

El Caballo de Troya

Por El Imprudente

Colombia siempre ha sido un objetivo para el comunismo. Por cualquier medio, lo que popularmente se llama «todas las formas de lucha para llegar al poder». Con el poder en sus manos pretenden implementar la hegemonía. Que es la imposición de una clase o grupo social sobre todos los demás «por las buenas o por las malas«. «Por las buenas«, al estilo de Gramsci, persuasión del pueblo por medios no violentos como la cultura, educación, entre otros. «Por las malas«, al estilo de Lenin, por la fuerza y la violencia como los objetivos de las FARC/ELN/M19.

El concepto de hegemonía va en contravía de cualquier definición de democracia.  Por eso algunos se tienen que camuflar para intentar llegar al poder. Otros, menos cobardes, muestran su verdadera cara desde el principio. Cobardes como los «políticos sandía»; verdes por fuera, rojos por dentro. Son fáciles de identificar; aplican una estrategia de mentir/desmentir, la doble moral es infaltable, señalan al resto de corruptos y apelan a los sentimientos (no a los argumentos).

Esos aspectos son fundamentales para defender «sus banderas» en un caballo que nos dejaron en la entrada de Colombia; defender el medio ambiente, atacar la desigualdad social, proponer temas «gratis», «la paz» recientemente, entre otras banderas. Esos discursos son fáciles de vender; se ven bonitos en la fachada, pero dentro la historia es distinta.

Con la defensa del medio ambiente pasa algo curioso, es un aspecto que tiene multipropósitos para los planes de estos personajes. Lo primero es que sirve para apelar a nuestro sentido de pertenencia; «envenenan nuestra agua», «se llevan nuestro oro», «contaminan nuestro ambiente», entre otras. Útil para atacar a cualquier industria; en especial la petrolera. Y como no, sacar propuestas absurdas: «cambiar petróleo por aguacates». Si les cuesta identificar los personajes, es fácil: son los primeros en quejarse de Ecopetrol cuando ocurre un accidente y siempre guardan silencio cuando los bandidos destruyen algún oleoducto y generan derrames en los ríos.

Las banderas de «atacar desigualdad» y los temas «gratis» entran como anillo al dedo a su ideología política: la excusa perfecta para un Estado grande con presencia en todo. Un Estado supremo, por encima de todos e idealmente bajo un solo partido oficial. ¿Y quién paga ese Estado? Depende, en algunos experimentos han sido los empresarios y la clase trabajadora con la subida de impuestos (empiezan por los «ricos»). Otros van por la solución fácil, al controlar todo, quien va a impedir que se haga fiesta con la impresora de dinero. Ambas e incluso combinaciones de estas, tienen el mismo resultado: un desastre económico.

«La palabra GRATIS es una de las peor usadas» decía el reconocido economista Milton Friedman. «Gratis» no es más que una excusa para que otro pague la cuenta. «Educación gratuita»; seguramente porque los profesores no van a cobrar su sueldo, ni las aulas necesitan ser pagadas y menos van a necesitar mantenimiento. Caemos en la popular frase: «Lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta». Políticamente es útil para conseguir votos prometer cosas gratis, lastima por los que les llega la factura.

La más reciente decoración en el caballo es una paloma blanca. «La paz» fue un milagro para estos personajes; recursos, impunidad y una «justicia». Lo único bueno de «la paz» fue que muchos salieron del closet y no siguen su colaboración de las FARC desde las sombras. Los beneficiados de la FARCpolítica pueden respirar tranquilos. Estos personajes son fieles defensores, a capa y espada, del acuerdo. Especialmente en las obligaciones del Estado, las obligaciones de las FARC se les olvidaron. Desgastaron tanto como Santos, la palabra «paz». Con todos los pasados y recientes «entrampamientos» a «la paz», no sería raro que estemos próximos a la «nueva paz». Con estos personajes como sus promotores.

Un caballo decorado con «banderas bonitas» bajo una sola sombrilla; «un cambio de modelo». Por eso tiene que vender el fracaso del actual modelo. Para eso necesitan generar un ambiente de caos, violencia e incertidumbre; eso ayuda a vender políticamente un «nuevo modelo social económico». El modelo actual no es perfecto y tiene aspectos por mejorar. Pero destruirlo y dejar entrar a Colombia ese caballo «bonito» sería fatal para nuestro futuro.


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5 thoughts on “El Caballo de Troya

  1. Que excelente y acertada nota. Me alineo enteramente a esos postulados como ciudadano de libre pensar y no necesariamente como uribista, lo que no soy. Los Colombianos somos o nos hacemos (o no nos interesa) al no darnos cuenta del peligro que significa la izquierda per se o con todos sus aliados camuflados en lo que usted quiera, zonas de reserva campesina, mesa agraria, tierra digna, ríos de vida, etc. Los hilos de estas corporaciones o movimientos llegan a Petro, Cepeda y muchos otros líderes de izquierda. El peligro es inminente.

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