Opinión

LA BUROCRACIA SINDICAL Y SU DISCURSO DE “LA DESIGUALDAD SOCIAL”

Por Antonio Cavadía.

En un reciente trino del empresario Mario Hernández, se publicó el salarios de dos altos directivos de los principales sindicatos del país: Se publicó el sueldo del presidente de la central unitaria de trabajadores, CUT, señor Francisco Maltes, por un valor de $ 32.876.580 pesos mensuales y el de la Federación colombiana de educadores, FECODE, presidida por el Santandereano William Velandia, por un valor de $ 36.250.000 pesos mensuales; pingues sumas, sin incluir gastos de representación, celulares con sus respectivos planes telefónicos, un esquema de seguridad pagado completamente por el estado colombiano y carros de alta gama blindados para su movilización, con conductor y combustible pagado con la plata de los contribuyentes colombianos.

La publicación hecha por el empresario, enloda una vez más el discurso hipócrita utilizado por los líderes del “comité del paro”, quienes han tomado las banderas de los que hoy protestan de manera ilegal en este país, a raíz de la crisis económica, social, política, y sanitaria que atraviesa el país a causa del virus covid-19. Estos burócratas disfrazados de demócratas, saltando de cargo directivo en cargo directivo de estos sindicatos, han logrado disfrutar por años de las delicias que la burocracia sindical ofrece a todo aquel que se mantenga en la cúspide directiva de las tales asociaciones, mientras incitan desde allí, a la violencia y el odio, utilizando a las masas ingenuas, para reclamar supuestas desigualdades sociales.

Resulta paradójico que hoy los jefes sindicales y autodenominados jefes del comité del paro, se embolsillen semejantes sumas de dinero tan altas, cuando al mismo tiempo, sean ellos mismos quienes izan las banderas de “la desigualdad social” en este país, criticando los grandes salarios que funcionarios del estado colombiano, llámense ministros, embajadores y congresistas, reciben por las labores que realizan en sus cargos, argumentado que en este país existe una inequitativa distribución de la riqueza, algo que en cierta forma es verdad.

Sin embargo, hasta ahí no habría que sorprenderse porque, este discursillo manido que estos comunistas agazapados utilizan en sus luchas es de vieja data, pero lo que si sorprende, es como nuestros jóvenes les siguen el juego y les sirven de idiotas útiles en estas marchas para que ellos puedan seguir disfrutando de sus “curules burocráticas” en los sindicatos y desde ahí pedir cosas exageradas, a su antojo y que si no le son otorgadas entonces, “el paro continúa”, en una actitud extorsiva.

Pero siendo honestos, tenemos que decir que ni el señor Velandia ni el señor Maltes salen a marchar, puesto que ellos desde sus escritorios de burócratas envían a todos estos saltimbanquis del comunismo criollo, a destruir el país o mejor dicho lo que queda de país, para abonarle el terreno político a un egocéntrico llamado, Gustavo Petro y su bandola y así montar una candidatura presidencial, que busca llegar al poder es fomentando el odio de clases y no haciéndole propuestas serias y progreso al país.

Dichos individuos a pesar de que llevan más de un mes sin cumplir con sus obligaciones laborales, reciben sus sueldos incólumes cumplidamente y lo peor es que no les pasa nada, antes, por el contrario, son ensalzados como los héroes que luchan por la reivindicación de los derechos de los menos favorecidos. A contrario sensu, en este país a estos personajes se les debería hacer un juicio público exigiéndoles el cumplimiento de sus deberes y que al mismo tiempo dejen de generar esa anarquía y caos que tanto les gusta y que dejen trabajar a quien si lo quiere hacer, ya que, a decir verdad, Colombia parece ser el país de las contradicciones donde a quienes no quieren trabajar se les paga, pero a quienes quieren trabajar y llevar el sustento a su hogar se les impide hacerlo.

Causa grima esa lógica, pero es lo que está sucediendo en nuestra Colombia, un país que pareciera no tener dolientes.

Es muy fácil decir: “a parar para avanzar” cuando se tiene la despensa atiborrada de alimentos y en la cuenta más de 30 millones de pesos cumplidamente todos los meses, producto de sus sueldos, para satisfacer todas sus necesidades sin siquiera trabajar, pero no es nada fácil esto, para quienes tienen que sostener empresas y empleados; es muy difícil decir “a parar para avanzar” porque, esa arenga significaría la quiebra y la pérdida de miles de empleos como hoy ya está sucediendo.

Afortunadamente parece que, el gobierno nacional como que ya encontró los pantalones perdidos y se los está amarrando y está tomando las medidas necesarias para restablecer el orden público perdido con la militarización de carreteras y desbloqueo de vías para lograr abastecimiento de productos básicos, medidas que a decir verdad son un poco tardías ya que las pérdidas económicas son enormes.

Escuchar a estos sujetos con su discurso de “la desigualdad social”, resulta enojoso e incluso estridente, porque muchos sabemos que a ellos no les interesa para nada la igualdad en ningún sentido y una prueba de ello es su salario, que comparado con el de un docente normal, es diez veces mayor que el del educador promedio, que día a día va a un centro educativo, enseña y en sus horas libres prepara clases para el día siguiente ¿Es eso igualdad? claramente no es igualdad.

Desafortunadamente a las marionetas del comunismo Colombiano, como que le vendaron muy bien los ojos porque a día de hoy estas no se caen y siguen comiéndose el cuento “chimbo” de la lucha de clases, que solo existe en la retórica de personas como Maltes y Velandia, pero lo que en la práctica se muestra es un individualismo de quienes gozan del poder sindical, y como si fuera poco, una constante repetición hasta la saciedad de la ya inveterada costumbre de responsabilizar al estado de todas las tragedias sociales del país, como si ellos no fueran responsables de absolutamente nada.

Contrario a lo que hacen estos supuestos defensores de la democracia y de los derechos de los trabajadores si es que en verdad lo que anhelan es luchar contra la desigualdad social y hacer patria, deberían  es no cobrar los salarios mientras “protestan“ y renunciar a todos los privilegios que reciben gracias a su gestión sindical, lo cual si iría en congruencia con ese discursito con el que pescan incautos para incendiar el país, como sucede actualmente con las marchas, pero eso sería pedir demasiado para quienes han disfrutado por años de las mieles de ser sindicalista en Colombia.

De todo lo anterior se puede concluir, Primero: Que existe una sistemática manipulación por parte de los dirigentes sindicales, a todas aquellas personas que hoy de una u otra forma están subordinados a estas asociaciones en la búsqueda de conquistas sociales que, en su mayoría disfrutan solo los altos directivos de estos sindicatos y Segundo: Que existe una reinterpretación acomodada del discurso de “la desigualdad social”, que es utilizada para chantajear al estado y doblegarlo ante sus pretensiones; Por esa razón se hace necesario e imperativo, hacer control social y político a estas asociaciones que abusan del derecho en nuestro país y que se creen con licencia amplia y suficiente para poder pedir cualquier cosa que se les ocurra, sin importar los derechos humanos y fundamentales de los demás.

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