Santos y Timochenko
Opinión

La máscara criminal de las FARC

Marquetalia Tolima, 27 de mayo de 1964, Colombia ve el nacimiento de la Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC), el grupo terrorista narco guerrillero más cruel y sanguinario de su historia y el más antiguo de Iberoamérica.

Dentro de su nefasto y gótico prontuario, la masacre de Algeciras (1989), la masacre de la Chinita (1994), la toma de la Base Militar de Las Delicias en el Putumayo (1996), la toma de Patascoy (1997), el secuestro de Ingrid Betancourt (2002), la masacre de Bojayá (2002), el secuestro de 12 diputados del Valle (2002) y el posterior asesinato de 11 de ellos (2017) y el atentado terrorista contra en el Club El Nogal (2003), estos son algunos de los atroces crímenes que esta inhumana guerrilla ejecutó y de los cuales solo quedan recuerdos y archivos, hoy en abandono y olvido absoluto por una justicia inexistente y por ende en absoluta impunidad.

Después de más de tres años de negociaciones en la Habana, el 27 de septiembre de 2016 el entonces Presidente de Colombia Juan Manuel Santos firma el acuerdo de paz con las FARC en Cartagena de Indias, como fue su costumbre con un desbordado despilfarro de recursos, invitó a Jefes de Estado, Cancilleres, Presidentes y directivos de diferentes tipos de organizaciones, políticos y dirigentes nacionales entre otros y más de un millar de periodistas sin contar las actividades que precedieron a dicha firma, todo esto sin conocer el resultado del plebiscito que el Gobierno había convocado para el 2 de octubre, donde el pueblo supuestamente tendría la última palabra y que diría sí o no a los acuerdos pactados con las FARC.

Sin pudor alguno, Juan Manuel Santos desconoció el resultado del plebiscito donde ganó el no y desaprobó los acuerdos con las FARC, el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón en Bogotá firma el acuerdo de paz, este hecho fue la confirmación de que lo que se firmaba con el grupo terrorista, traería bajo su sombra indignación nacional, más dolor para sus víctimas e impunidad.

Desde el mismo inicio de las negociaciones en la Habana este acuerdo estuvo bajo el manto de la mentira, la burla, la traición a la patria y el cinismo; su joya de la corona la Justicia Especial para la Paz “JEP”, el “tribunal” que impartiría “justicia” manteniendo como su eje principal los derechos de las víctimas e impartiendo sancionas simbólicas más no condenas a sus victimarios siempre y cuando aportaran verdad, repararan a sus víctimas y se comprometieran a la no repetición de sus crímenes.

La JEP terminó siendo la gran estafa al pueblo colombiano, poco a poco los responsables de los crímenes de lesa humanidad de las FARC se han ido autodenominando víctimas de su propio genocidio culpando al Estado, su discurso cínico desconociendo a sus víctimas, negando a toda voz que ellos no tienen que pedir perdón porque no se arrepienten por la barbarie que ejecutaron, que nunca cometieron los crímenes de los que se les acusa, que fueron una guerrilla respetuosa del Derecho Internacional Humanitario, que nunca reclutaron forzadamente ni adultos ni menores de edad, que no hubo violaciones sexuales sistemáticas sin importar edad o género ni abortos forzados, que no fueron narcotraficantes y mucho menos terroristas, esta sin duda, ha sido su macabra estrategia para hoy mostrarse como ejemplos de vida y autoridad moral en la defensa de los derechos humanos, eso sí, discriminando, ignorando y pisoteando a sus víctimas.

Hay que sumarle los ya denunciados incumplimientos de las FARC, a la fecha no han entregado los menores que reclutaron, los bienes a los que se comprometieron no los han entregado y ya salieron con la excusa que la mayoría de estos estaban hoy en poder de sus mal llamadas “disidencias” y como efecto dominó, ya declararon que por este motivo no van a poder reparar a sus víctimas, no han contado la verdad y es imposible creerles con sus dudosas declaraciones a puerta cerrada en la JEP, no han colaborado en la lucha contra el narcotráfico a lo que se comprometieron como era de esperarse y no han entregado los mapas para desminar las zonas que contaminaron con su salvaje práctica entre otros incumplimientos.

Todo esto está acompañado por un lenguaje retorcido que solo convence a los idiotas que creen que son adalides de la justicia y la paz, por ejemplo, en muchas oportunidades se describen como “grupo beligerante” cuando han sido un grupo guerrillero narco terrorista ampliamente reconocido y donde sus cabecillas, hoy algunos “honorables Congresistas” y otros dirigentes de su partido político todavía son requeridos por la justicia de los Estados Unidos y por los cuales aún mantienen millonarias recompensas; así como cuando declaran descaradamente que no cometieron secuestros y que fueron simplemente retenciones, recordar los despiadados campos de concentración, las pesadas cadenas y candados en los cuellos y tobillos, las humillaciones y las torturas a las que fueron sometidos sus secuestrados, y no los tratos dignos y estadías agradables con menú prácticamente a la carta como lo quieren hacer ver estos criminales.

De algo podemos estar seguros, el día que alguno de estos terroristas se vea amenazado a pagar cárcel por alguno de sus crímenes y que la JEP no lo pueda proteger y blindar, ese día seguirá los pasos de Santrich, y no le temblará la mano para volver a asesinar, secuestrar, extorsionar, torturar, violar y volver a su negocio del narcotráfico; como dice el adagio popular “El que es, nunca deja de ser”, lo llevan en la sangre, nunca firmaron la paz, lo que firmaron fue un mecanismo para lavar y legalizar sus crímenes y activos ocultos sin pagar un solo día de cárcel, sin reparar a sus víctimas y continuar con el circo burlón que entramaron y cristalizaron con el expresidente Juan Manuel Santos.

En conclusión, para las FARC la paz nunca les ha importado, sus víctimas nunca les han importado, la justicia, verdad, reparación y no repetición nunca les ha importado, no les importa Colombia, su máscara es su falsa lucha empuñando la bandera de la paz y la reconciliación de los colombianos.

#LaMáscaraCriminalDeLasFarc

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