Opinión

Los primeros dos rounds

Al igual que el autor y como si de un sino premiado se tratara, soy caribe y esta característica me permite expresar mis comentarios sobre la obra «Amores Criminales» , escrita por mi amigo y muy admirado doctor en leyes, Abelardo de la Espriella, realizando una comparación entre un combate de boxeo y los diez cuentos cortos que ahí se nos presentan. De esta manera, por el momento, vamos a comentar sobre los primeros dos rounds de una pelea pactada a diez, así que se vienen (y les pido de antemano excusas por los anglicismos que utilizaremos, pero para los que nos gusta el arte de fistiana, esta forma de describir los movimientos de los púgiles es casi que ineludible) jabs, uppercuts, ganchos y demás movimientos de una pluma que se levanta impetuosa de un sillón donde ha reposado por un tiempo, meditando sobre si se lanzaba a la pelea o seguía en su zona de confort, y vaya que se lanzó, con todas sus calidades y recursos.

Que AB, como cariñosamente lo llamo, sabe escribir y maneja nuestro complejo, recursivo y hermoso idioma castellano de manera fina y excelsa no es secreto para nadie. Hasta sus oponentes, que los tiene, deben reconocer que, en la defensa de sus principios e ideales, cuando tiene que sentar su posición vehementemente lo hace con altura, con una capacidad dialéctica, de tal modo que hoy todavía existen contrincantes de meses ha que no saben si les estaba presentando un cumplido o, dicho coloquialmente, «mentando la madre». He presenciado escenas en las que hasta le dan las gracias después de haberles aplicado un  recuento de historias de «Amores Criminales», me sorprendió, más que por su sabida e inagotable capacidad de redacción, por la manera en que ha utilizado los recursos psicológicos, aunados a los literarios, para llevarnos a lo que he sentido como una especie de ring donde el espejo de la vida nos enfrenta con nuestros propios demonios, o por lo menos en mi caso, para hablar sobre mi particular experiencia, con los míos (¡y vaya que sí llevo demonios dentro!). Así que desde el inicio recibí un jab, un jab de izquierda que no logré esquivar, que no me llevó a la lona, pero me advirtió desde el primer golpe que debía prepararme para una lectura que me pondría a prueba. Una prueba in extremis interesante.

Con una facilidad desbordada en detalles y recursos literarios, en estos dos primeros rounds, «Amores Criminales» ha logrado hacerme sentir que algo de mí o de mi entorno estaba reflejado en cada uno de sus personajes o de la situación que estaba leyendo, hasta el punto de llegar a pensar, un poco ilusamente, ¿será que se inspiro en mí para este o aquel actor de la trama ? ¿O en aquel momento que sucedió en la pagina tal ? Esto, les confieso, me atrapó mucho. Sin embargo, cuando la adrenalina de la psiquis bajó a sus niveles normales, entendí que no era yo propiamente, ni Pedro, ni Juan, sino que hábilmente AB había involucrado dentro de sus personajes las variables propias de comportamiento que todos tenemos. Había  aplicado, en suma concordancia con su sapiencia, aquella frase que reza: «De sabios, poetas y locos, todos tenemos un poco», para dejarlo solo hasta ahí… por el momento.

Podría describir de manera argumental cómo me parecieron los dos primeros cuentos, pero eso sería hacer un análisis literario y eso se lo dejo a los literatos. Yo acá quiero presentarme como lector, un desprevenido lector que, en estos dos primeros rounds, ya recibió varios golpes de realidad, de fantasía, del maremágnum de personalidades que conviven en nuestro ser interior y que, de vez en vez, afloran para mostrarnos la complejidad de la mente y el comportamiento humano.

Son dos cuentos con historias distintas, pero realidades paralelas, amor y traición, honor y
sacrificio, pero considero que los castigos que se presentan nos ponen a pensar sobre la vida, que nos da segundos en los que tenemos que sacar la casta y en los que las decisiones que tomemos nos llevarán a cambios radicales, algunos para toda la vida y otros para toda la eternidad.

La vida está llena entonces de momentos y decisiones, como bien lo decía el salsero Ruben Blades, y está en nosotros tener la sabiduría, el honor y el valor para tomar esas decisiones. Luego la historia nos mostrará, según el punto de vista del público ante el cual se presente, si fueron correctas o no, pero para nosotros, después de que estén fundamentadas, serán eso: nuestras decisiones y de nadie más.

Llevo dos rounds donde se han tomado decisiones por amor, matizadas con honor y valor. Me imagino que llegarán las que estarán matizadas con rabia, tristeza y, en algunos casos, alegría. Por lo pronto estoy practicando mi stand para mantener en alto la guardia, los próximos rounds prometen ser muy interesantes.

Un pequeño detalle, en el relato de «El Duelo», anoté en el libro (porque soy de los que escribe, subraya y comenta los libros sobre el papel mismo que sale de la imprenta) la siguiente frase para compartírselas:

«Nunca des la espalda a un cobarde, porque su cobardía es directamente proporcional a su
capacidad de traición.»

¡Nos vemos en los siguientes rounds, sigo en la pelea! Con aprecio, admiración y cariño,

Federico Restrepo Solano

 

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