Reclutamiento forzado de niños
Opinión

Para las FARC no eran niños, eran artilugios

Por Carlos Arévalo

Solo imagine cuando la guerrilla llega a una población, caserío o finca y sin mediar palabra apresan a cuanto niño encuentran, no importa el dolor y la súplica de sus padres, son separados violentamente del seno de su hogar, condenándolos a una tenebrosa vida guerrillera donde la muerte, el acceso carnal violento, la esclavitud, la humillación y la tortura física y mental se convertirán en su nuevo pasado, presente y futuro.

Los grupos terroristas guerrilleros durante la historia han sido crueles e inhumanos, su discurso retorcido de la lucha por el pueblo hace más de cuatro décadas se extinguió, todo es una falacia, su verdadero propósito han sido sus sangrientos negocios donde el terrorismo, la extorsión, el secuestro, el desplazamiento, la ampliación de sus territorios, el tráfico de armas y el narcotráfico entre otros han sido los pilares fundamentales para su aberrante operación.

Pero, ¿Dónde encajan los menores de edad?, como muchos estudios lo han confirmado, los niños son fáciles de reclutar, son económicos, fáciles de mantener, adoctrinar y someter, y por su corta edad no pueden ser incriminados ni procesados judicialmente, convirtiéndolos en objetivo vital para obligarlos a cometer actos criminales y actividades de espionaje por ser fáciles de camuflar dentro de la población, pero tan bárbara es su utilización como las consecuencias para quienes se atrevan a rebelarse al continuo maltrato y abuso físico y mental o que intenten huir, su destino será la tortura o el fusilamiento, dependiendo que tan grave haya sido su insubordinación.

Para las FARC no eran niños, no lo olvidemos, estos hijos de humildes campesinos e indígenas que fueron reclutados bajo amenazas, engaños o simplemente a la fuerza, fueron obligados a entrenarse en doctrinas leninistas marxistas, en armamento, explosivos y tácticas guerrilleras bajo sus doctrinas terroristas para usarlos como escudo y carne de cañón y para cometer actos delictivos o terroristas en poblaciones o cascos urbanos, además, fueron sometidos a la esclavitud sexual para saciar el apetito depravado de los comandantes del frente guerrillero del cual fueron reclutados, de todo esto hay innumerables denuncias, testimonios y videos recuperados de la misma guerrilla por parte de nuestras Fuerzas Armadas y organismos judiciales, lo que consolida la prueba inobjetable de la violación de todos sus derechos y las normas del Derecho Internacional Humanitario.

Repudiable desde todo punto de vista que estos terroristas hayan utilizado niños para sus siniestros crímenes, abusar de la condición de menores de edad indefensos e inocentes y transformarlos en artilugios dentro de su guerra sucia, esto es intolerable, las FARC haciendo apología a su terrorista y criminal filosofía nunca respetaron los derechos fundamentales de los niños, uno de los principios más importantes dentro de una sociedad civilizada donde los niños son el más preciado y valioso capital humano, pero para ellos fueron artefactos para someterlo al más despreciable salvajismo de sus depravados métodos terroristas.

Durante las negociaciones en la Habana y luego de la firma del ilegítimo y falso acuerdo de paz, miembros de las FARC como Timochenko, Carlos Lozada, Pastor Álape y Victoria Sandino entre otros, han y siguen negando que ellos no solo no reclutaron sino que no violaron niños y niñas dentro de su organización terrorista, además sin vergüenza alguna, con este mismo y enfermo comportamiento en estos días la recientemente electa Segunda Vicepresidente del Senado Griselda Lobo volvió a afirmar que en las FARC el reclutamiento de menores nunca se ejecutó, todos escudados con su descarado discurso de que tienen que probarles que ellos hayan realizado no solo estos abominables crímenes sino todos los que cometieron en más de 50 años del genocidio al cual sometieron a Colombia.

Fácil entender el cinismo de esta sombría y soberbia guerrilla con el tal vez más perverso invento que se confabuló en la Habana entre Juan Manuel Santos y las FARC, la Justicia Especial para la Paz “JEP”, dizque diseñada para conocer la verdad, impartir justicia, reparar a las víctimas y la no repetición, con la función de administrar justicia, y la pregunta que todos nos hemos hecho estos últimos cuatro años, ¿Cuál Justicia?

La JEP, desde su creación ha sido la cortina de humo con la que engañan no solo al país sino a la comunidad internacional con el sofisma de que en Colombia hay paz y que los autores de crímenes de lesa humanidad están siendo investigados, juzgados y a futuro “sancionados”, la realidad es otra, han sido cuatro años en los que la JEP ha atropellado a las víctimas de las FARC y no han sido escuchadas, por el contrario condescendiente con sus victimarios con sesiones a puerta cerrada y cuando han sido invitadas para hacer sus “observaciones”, los criminales de las FARC simplemente se limitan a negar cualquier acusación, lo más denigrante es que la misma JEP impávida no ha hecho pronunciamiento alguno permitiendo mantener en libertad a estos individuos que sin lugar a dudas son un alto peligro y ejemplo para la sociedad.

Día a día salen a la luz más testimonios, denuncias e historias llenas de un dolor imborrable para aquellos que padecieron tan cruel destino, no solo les arrebataron su infancia, destruyeron sus vidas y lapidaron sus sueños; hoy sus victimarios disfrutan de una inmerecida libertad impune con vida política y muchos de ellos posesionados como “honorables” Congresistas, mientras sus víctimas conviven con el abandono, la soledad, la vergüenza y la indignación a la que estos bárbaros los condenaron.

Algo está claro, la JEP nunca va a condenar a los miembros de las FARC por sus crímenes, y ellos lo saben, así quedó acordado en la Habana, entonces pese a esto, ¿Por qué no son honestos y dicen la verdad, piden perdón y reciben una “simbólica” sanción por estos hechos y por todos los demás crímenes que cometieron?, la respuesta es que pese a que ya está pactada su impunidad ellos hoy quieren pasar como faros morales, vender la imagen de que su organización terrorista fue humanitaria, bondadosa y que los “errores” (crímenes) que cometieron fueron por la lucha por los más necesitados, con la misma sangre fría con la que atentaron y masacraron a Colombia por más de cinco décadas ellos nunca mostrarán una ápice de humildad y arrepentimiento, tan inerte es su conciencia y corazón que para ellos la criminalidad y la violación total de los Derechos Humanos es su filosofía de vida y el sufrimiento de sus víctimas la recompensa a su sórdida y cruel subversión.

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