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Sueño con un país en paz

Sueño con un país en paz.

¿Dónde y cómo nace la verdadera paz?

Quiero empezar contándoles que provengo de una familia donde los valores del amor, el respeto, la honestidad, la lealtad y la responsabilidad, fueron pilares fundamentales en la educación, los mismos que he replicado en mi familia y por los que escogí a mi gran esposo y compañero de vida. Nos equivocamos como seres humanos, pero reconocemos y asumimos la responsabilidad de nuestros actos.


La verdadera paz viene de la educación, y cuando hablo de educación no me refiero a estudiar en un colegio privado o ir a la Universidad de Harvard, se trata de aquella que comienza en casa, se fortalece de la mano de las instituciones y se mantiene a lo largo de la vida. Si nos desviamos del camino, pasa lo que ocurrió con el mal llamado “Proceso de Paz” en Colombia: nació muerto porque su objetivo iba más encaminado a la vanidad de quienes lo gestaron para pasar a la historia como héroes, endulzando a jueces, políticos, periodistas y premiando a personas que cometieron delitos, sin haber pagado ni un solo día de cárcel y poniéndoles un salario que podría ser utilizado en el desarrollo de programas de resocialización.


¿Se imaginan las cárceles como verdaderos centros de resocialización? Hay que educar y hacer reflexionar a los que allí se encuentran, bien sea porque tuvieron una infancia o un pasado que no les favoreció o porque simplemente escogieron el camino de la corrupción. Sería espectacular que la gente saliera de allí, convencida de que el mejor sendero es el del emprendimiento, el del trabajo honrado, el del respeto, la honestidad, la lealtad y la responsabilidad. Esa es la verdadera felicidad, la que nos da el haber hecho las cosas bien, luchado por algo hasta conseguirlo con honradez.


¿Por qué es necesario recurrir al castigo?


Fui una estudiante muy responsable, pero recuerdo un día, estando en segundo o tercero de primaria, que cometí el error de falsificar la firma de mi mamá en un cuaderno porque no había llevado la tarea, como cosa rara, se me olvidó. Ella vio esa firma y qué susto cuando me la mostró. ¿Qué hiciste? Me palpitaba el corazón, le contó a mi papá y el regaño fue brutal. Me dijo que eso sólo lo hacían los delincuentes y que el que era capaz de falsificar una firma era capaz de robar y hacer cualquier cosa. ¡Tenía toda la razón!, obviamente tuve mi castigo y jamás se me ocurrió volver a hacer semejante atrocidad; contrario a lo que ocurrió con los terroristas, violadores y reclutadores que hoy están en el congreso disfrutando de un salario para nadie despreciable y con un tribunal para su defensa: “Jurisdicción Especial para la Paz” JEP, que lo que hace es defender sus crímenes de lesa humanidad. No tienen inconveniente en seguir delinquiendo, porque no pasa nada. Hace parte de la ideología “progresista” que los padres dejen hacer a sus hijos lo que quieran, por aquello del libre desarrollo de la personalidad.


La educación es un factor fundamental en el desarrollo de un verdadero proceso de paz y debe ser reevaluada en Colombia desde los primeros años. Se debe dar más importancia al ser, que al saber o por lo menos, comenzar a profundizar en el saber cuándo el ser ya esté algo formado y seguir afianzándolo como parte de una cultura. Existen algunos colegios dando sus primeros pasos al respecto, cosa que es fundamental y que merece un escrito aparte, aunque es la familia la verdadera escuela de valores. El caso es que parece ser que los Fecodianos, muchos políticos de izquierda, jueces y periodistas, no tuvieron una formación en valores éticos y morales en sus casas donde comienza todo, o se desviaron del camino por el dios “dinero”. No digo que el dinero no sea necesario, ¡claro que sí! te da tranquilidad, permite darte gustos y ayudar, pero con las ansias de tener más y más a como de lugar, tratan de llenar un vacío que nunca lo van a tapar.


Las mujeres desempeñamos un papel muy importante en la sociedad, yo diría que fundamental. Hace falta educación, concepto de verdadera familia, la natural, la conformada por un hombre y una mujer y que hoy la izquierda quiere destruir con la » ideología de género», legalización del aborto, narcotráfico, consumo de sustancias psicoactivas, prostitución y un sin número de ideas raras pero que ellos consideran normales por el libre desarrollo de la personalidad. ¿Qué familia puede nacer en medio de estas ideas? Qué tristeza ver a las mujeres dedicadas a vender sus cuerpos y a los hombres llenar erróneamente sus vacíos. La satisfacción de los deseos, sin un sentido profundo, hace parte de la ideología “progresista”.


El periodismo también se desvió del camino. No sé qué pasa en las universidades, allí debe continuarse con el fortalecimiento de valores, darle a la ética profesional la importancia que se merece. Muchos comunicadores no informan, se dedican a atacar al gobierno de turno que no les da mermelada. ¡Que tristeza! ¿Falta de valores? ¡Claro! Ahí es cuando pienso que los que sí tuvieron algo de educación en casa, se desviaron del camino. Las Universidades deben dar especial importancia a los valores. No hablo sólo del periodismo, en derecho, en medicina, en todas las profesiones deben pesar los valores, para poder otorgar un título.

¡Es hora de reflexionar!

Los culpables a pagar por sus delitos y los que vemos la corrupción y las injusticias a trabajar por un país en paz y a empezar por nosotros mismos. Controlemos los comentarios que insultan y degradan. No perdamos el control. Comencemos a generar paz, mostremos la realidad sin insultos. Pienso que el presidente Iván Duque con sus aciertos para algunos y desaciertos para otros, es un gran ejemplo de paz, muy diferente al que hizo y deshizo por un Nobel.


Controlemos nuestra rabia, hagamos de este un mejor país.

Hablemos con argumentos y digamos #PazVerdaderaEs



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